La vida en la Tierra es posible gracias a la energía del Sol, que llega al planeta principalmente en forma de luz visible. Cerca del 30% de la energía solar es reflejada al espacio por la atmósfera mientras el resto llega a la superficie, que la refleja como energía más tranquila y de movimiento más lento, los llamados rayos infrarrojos (calor). En la atmósfera se encuentran diversos gases que frenan la liberación de energía al espacio, llamados gases de efecto invernadero, como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el ozono, el metano y el óxido nitroso.
Estos gases funcionan de la misma manera que los cristales de un invernadero, dejando pasar la energía solar y reteniéndola. Sin estos gases en la atmósfera nuestro planeta sería muy frío (-18ºC) y no existiría la vida como la conocemos. El Efecto Invernadero es un proceso natural que sin embargo se ha acelerado por el aumento de la presencia de gases en la atmósfera, (principalmente bióxido de carbono, metano y óxido nitroso) como consecuencia de las actividades humanas. Este incremento es la principal causa del aumento de la temperatura en el planeta, con enormes efectos en los patrones climáticos, los ecosistemas del mundo y la población humana.
Otros gases de invernadero son el monóxido de carbono (CO), bióxido de azufre (SO2), Clorofluorocarbonos (CFCs), halofluorocarbonos (HFCs). Los CFCs y HFCs son productos artificiales (no existen en la naturaleza) y son sumamente potentes, tienen un efecto de invernadero prolongado ya que tardan mucho tiempo en desaparecer de la atmósfera.





